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Las clases de equitacion A Gabriela siempre le había gustado montar a caballo, desde niña recorría los llanos venezolanos a caballo pero el nuevo profesor de equitación era un pan de Dios así que tenía que ir a averiguar si podía tener clases con él. Apenas llegó a la escuela y ya entró en calores. Como hacía calor, el tal profesor estaba sin su camisola lavando a su caballo. Estaba de espalda pero tenía un cuerpazo de los demonios. Era bronceado y musculoso, exactamente lo que a ella le gustaba. De una mano el sostenía la manguera y en la otra tenía un cepillo para peinar al mismo tiempo aquel enorme caballo negro. A cada gesto que hacía, se notaban más los músculos de sus brazos y Gaby ya se imaginaba lo que él le podría hacer con aquellas enormes manos. Gabriela comportate, se intimó. - Hum,hum. Lo interrumpió para que viera que estaba allá alguien. Cuando el tal hombre se volteó, creía que se iba a desmayar de la emoción ¡qué hombre más guapo!- Dios mío, esto debería ser pecado. Farfulló en su barba pero él la escuchó.- ¿Perdón? Dijo limpiando el sudor de su frente de su brazo lo que hizo notarse más aun sus pectorales. - Qué hace mucho calor. M U C H O calor. Decía haciéndose aire con la mano. Él la miró fijamente, no se había dado cuenta de lo bella que era. Y qué voz tenía, divina y sus ojos al sol ni hablar, una verdadera diosa. Tenía un cuerpo de ensueño, con cada curva en su debido lugar y el vestido que llevaba no escondía para nada sus maravillosos valles encantados. Con solo verla e imaginar aquellas altas piernas en vuelta de su cintura, se excitó. Gabriela vio aquel monte entre las piernas del profesor y ahí si creyó que se moriría, una sonrisa nació en sus labios y sin quitar aquella boza de la mirada empezó por decir: - Tiene usted un GRAN… Caballo. Terminó mirando el caballo. Fernando empezó a reír porque sabía muy bien a qué se refería ya que no tuvo el mínimo pudor en mirarlo como lo hacía, con aquella mirada golosa y brillante. - ¿En qué la puedo ayudar? Preguntó apoyándose en el caballo y sin parecer vergonzoso por mostrar su excitación por ella. - En muchas cosas. (Una de ellas en deshacerme de este calor y excitación, pensó para sí misma.) Me gustaría que me enseñara a montar a caballo. Empezó a reír por la alusión a “montar a caballo” ya que hace rato decía que el caballo de él era GRANDE. - En eso si que la puedo ayudar. Tengo dos caballos que puede elegir para montar. Uno como este, mostró su caballo negro y otro más pequeño. Nuevamente ella empezó a reír a carcajadas. - El “más pequeño” me parece ideal para empezar… Hablo del caballo claro. Aclaró después de mirar a la entrepierna de él. - A eso también me refería. Decía con una sonrisa maliciosa en los labios. ¿Cuando quiere empezar? - Por mí ¡ya! - Pues es su día de suerte porque hoy no doy clases. - Uf, si fuera solo esa mi suerte de hoy. - Bueno, voy por mi camisola y por el caballo “más pequeño”. Cuando se fue a buscarlo las ganas de Gabriela eran de gritarle: El caballo más pequeño ya lo tengo aquí frente a mí. Pero no dijo nada no iba a ser que lo espantaría. El profesor volvió con su camisola blanca puesta y con un caballo castaño divino. Eran los dos bellísimos y ¡que cuadro hacían! Cuando le trajo el caballo, se hizo la que no sabía montar para que él la ayudara. La tomó por la cintura para hacerlo y mientras se montaba le mostraba bien sus pompas, si el vestido fuera más corto, él vería la luna. La hizo dar algunas vueltas para que ella aprendiera pero ella ya lo sabía y él se dio cuenta.- Ya usted sabía montar a caballo. Lo confirmó más que lo preguntó lo que la hizo reír.- Digamos que ya lo había aprendido pero se me olvidó. - Cómo que se le olvidó si montar a caballo es como… ¡hacer el amor! - No está mal como comparación, me gusta. El profesor, que se llamaba Fernando Colunga, la llevó a pasear por los bosques y después de una hora de caminada, se paró cerca de un pequeño lago para que los caballos pudieran beber y ellos descansar. De su caballo él sacó una manta del bolso y la puso en la hierba para que se pudieran sentar. Fernando se sentó y Gaby, estando de vestido, se puso de rodillas frente a él. Él levantó su mano y le acarició el rostro haciéndola cerrar los ojos. - Eres bellísima. - Gracias. Agradeció de su ronca voz. Y déjame decirte que tu también lo eres y mucho. - Desde que vi tus labios solo tengo ganas de una cosa. Y la tomó por el cuello para poder mordisca y besar sus labios hasta que quedaran bien inflados. Gabriela casi que no podía respirar pero quería más así que lo volvió a besar sentándose en su regazo pudiendo sentir su excitación por ella lo que la excitaba aun más. - Te deseo Gabriela y quiero hacerte mía. - ¿Y qué esperas para hacerme tuya? No se hizo rogar y la hizo acostarse en la manta para que pudiera besarla a gusto por todo su cuerpo. A través de su vestido él le besaba y mordía sus senos excitándoles y pudiendo sentir sus pezones ya duros para él. Le besaba también su vientre, su entrepierna y seguía por sus piernas dejándola loca por él. Ella gemía y gemía queriendo más así que él le subió el vestido hasta su vientre y apartando su tanga, empezó a acariciarle su húmedo sexo. Gabriela, los pies clavados en el suelo y las piernas dobladas jalaba mientras abría y cerraba sus piernas para excitarse más. Estaba llegando al orgasmo y solo lo tuvo cuando Fernando de su lengua empezó a lamer su clítoris e introduciendo su lengua en ella. Cuando explotó en un tremendo orgasmo cerrando sus piernas, gritó haciendo los caballos relinchar. Recuperando de aquel magnifico orgasmo, se sentó sin tanga y con el vestido levantado hasta su vientre. Fernando la miraba con gula, con deseo. Ella tomó la mano de él e introdujo su dedo del medio en su boca. Lo que lo hizo respirar con dificultad y a ella reír. Lo hizo acostarse por su vez y empezó por besar su cuello, le quitó la blusa y besó aquel divino pecho que deseó desde que lo vio. Fue bajando y llegando a sus jeans, abrió el cinturón y los botones, Fernando levantó su cintura y ella los pudo bajar hasta sus rodillas así como lo hizo con sus bóxers, dejando aquel enorme miembro libre de su encierro. Lo tomó de inmediato en su mano porque lo deseaba demasiado como para esperar. Fernando dejó escapar un gemido y cerró los ojos cuando ella empezó con su vaivén. Él se sentó mientras ella seguía con sus caricias y volvió a poner su mano en el sexo de Gabriela para poder darle placer al mismo tiempo. Ella aceleraba sus vaivenes con su mano y él hacia igual con su dedo hasta que ambos llegaron al clímax. Pero aquellos orgasmos, por más intensos que fueran, no eran suficientes porque Gaby quería sentirlo en de ella. Lo volvió a hacerlo acostarse y se puso sobre aquel miembro que volvió a ganar vida y tomándolo, lo guió dentro de ella. Gabriela era estrecha pero Fernando logró dominarla. Ella se movía encima de él como si montara a caballo, sus vaivenes eran fuertes, rápidos y se movía en todos sentidos. Ellos jadeaban, gemían, gritaban sus nombres y los caballos relinchaban a pesar de no verlos pero si los escuchaban. Fernando la sacó de encima y la puso en cuatro poniéndose detrás de ella y penetrándola otra vez. Mientras él hacia sus vaivenes, ella hacia movimientos circulares apretando fuerte la manta y él se apoderó de sus pechos para poder masajearlos y apretarlos. Siguió con una mano en un pezón y la otra la llevó hasta el sexo de Gaby para poder acariciarla y hacerla llegar al orgasmo porque él mismo estaba llegando a tenerlo. Finalmente sucedió y él siguió con sus movimientos suaves hasta que sus respiraciones se calmaran y pudiera salir de ella para que se pudieran acostarse piernas y brazos entrelazados. - Creo que fue miente clase de aprender a montar a caballo y la mejor parte fue ¡montar en el “pequeño caballo”!
Las clases de equitacion
A Gabriela siempre le había gustado montar a caballo, desde niña recorría los llanos venezolanos a caballo pero el nuevo profesor de equitación era un pan de Dios así que tenía que ir a averiguar si podía tener clases con él.
Apenas llegó a la escuela y ya entró en calores. Como hacía calor, el tal profesor estaba sin su camisola lavando a su caballo. Estaba de espalda pero tenía un cuerpazo de los demonios. Era bronceado y musculoso, exactamente lo que a ella le gustaba. De una mano el sostenía la manguera y en la otra tenía un cepillo para peinar al mismo tiempo aquel enorme caballo negro. A cada gesto que hacía, se notaban más los músculos de sus brazos y Gaby ya se imaginaba lo que él le podría hacer con aquellas enormes manos. Gabriela comportate, se intimó.
- Hum,hum. Lo interrumpió para que viera que estaba allá alguien. Cuando el tal hombre se volteó, creía que se iba a desmayar de la emoción ¡qué hombre más guapo!- Dios mío, esto debería ser pecado. Farfulló en su barba pero él la escuchó.- ¿Perdón? Dijo limpiando el sudor de su frente de su brazo lo que hizo notarse más aun sus pectorales.
- Qué hace mucho calor. M U C H O calor. Decía haciéndose aire con la mano. Él la miró fijamente, no se había dado cuenta de lo bella que era. Y qué voz tenía, divina y sus ojos al sol ni hablar, una verdadera diosa. Tenía un cuerpo de ensueño, con cada curva en su debido lugar y el vestido que llevaba no escondía para nada sus maravillosos valles encantados. Con solo verla e imaginar aquellas altas piernas en vuelta de su cintura, se excitó. Gabriela vio aquel monte entre las piernas del profesor y ahí si creyó que se moriría, una sonrisa nació en sus labios y sin quitar aquella boza de la mirada empezó por decir:
- Tiene usted un GRAN… Caballo. Terminó mirando el caballo. Fernando empezó a reír porque sabía muy bien a qué se refería ya que no tuvo el mínimo pudor en mirarlo como lo hacía, con aquella mirada golosa y brillante.
- ¿En qué la puedo ayudar? Preguntó apoyándose en el caballo y sin parecer vergonzoso por mostrar su excitación por ella.
- En muchas cosas. (Una de ellas en deshacerme de este calor y excitación, pensó para sí misma.) Me gustaría que me enseñara a montar a caballo. Empezó a reír por la alusión a “montar a caballo” ya que hace rato decía que el caballo de él era GRANDE.
- En eso si que la puedo ayudar. Tengo dos caballos que puede elegir para montar. Uno como este, mostró su caballo negro y otro más pequeño. Nuevamente ella empezó a reír a carcajadas.
- El “más pequeño” me parece ideal para empezar… Hablo del caballo claro. Aclaró después de mirar a la entrepierna de él.
- A eso también me refería. Decía con una sonrisa maliciosa en los labios. ¿Cuando quiere empezar?
- Por mí ¡ya!
- Pues es su día de suerte porque hoy no doy clases.
- Uf, si fuera solo esa mi suerte de hoy.
- Bueno, voy por mi camisola y por el caballo “más pequeño”. Cuando se fue a buscarlo las ganas de Gabriela eran de gritarle: El caballo más pequeño ya lo tengo aquí frente a mí. Pero no dijo nada no iba a ser que lo espantaría.
El profesor volvió con su camisola blanca puesta y con un caballo castaño divino. Eran los dos bellísimos y ¡que cuadro hacían! Cuando le trajo el caballo, se hizo la que no sabía montar para que él la ayudara. La tomó por la cintura para hacerlo y mientras se montaba le mostraba bien sus pompas, si el vestido fuera más corto, él vería la luna. La hizo dar algunas vueltas para que ella aprendiera pero ella ya lo sabía y él se dio cuenta.- Ya usted sabía montar a caballo. Lo confirmó más que lo preguntó lo que la hizo reír.- Digamos que ya lo había aprendido pero se me olvidó.
- Cómo que se le olvidó si montar a caballo es como… ¡hacer el amor!
- No está mal como comparación, me gusta.
El profesor, que se llamaba Fernando Colunga, la llevó a pasear por los bosques y después de una hora de caminada, se paró cerca de un pequeño lago para que los caballos pudieran beber y ellos descansar. De su caballo él sacó una manta del bolso y la puso en la hierba para que se pudieran sentar. Fernando se sentó y Gaby, estando de vestido, se puso de rodillas frente a él. Él levantó su mano y le acarició el rostro haciéndola cerrar los ojos.
- Eres bellísima.
- Gracias. Agradeció de su ronca voz. Y déjame decirte que tu también lo eres y mucho. - Desde que vi tus labios solo tengo ganas de una cosa. Y la tomó por el cuello para poder mordisca y besar sus labios hasta que quedaran bien inflados. Gabriela casi que no podía respirar pero quería más así que lo volvió a besar sentándose en su regazo pudiendo sentir su excitación por ella lo que la excitaba aun más.
- Te deseo Gabriela y quiero hacerte mía.
- ¿Y qué esperas para hacerme tuya? No se hizo rogar y la hizo acostarse en la manta para que pudiera besarla a gusto por todo su cuerpo. A través de su vestido él le besaba y mordía sus senos excitándoles y pudiendo sentir sus pezones ya duros para él. Le besaba también su vientre, su entrepierna y seguía por sus piernas dejándola loca por él. Ella gemía y gemía queriendo más así que él le subió el vestido hasta su vientre y apartando su tanga, empezó a acariciarle su húmedo sexo. Gabriela, los pies clavados en el suelo y las piernas dobladas jalaba mientras abría y cerraba sus piernas para excitarse más. Estaba llegando al orgasmo y solo lo tuvo cuando Fernando de su lengua empezó a lamer su clítoris e introduciendo su lengua en ella. Cuando explotó en un tremendo orgasmo cerrando sus piernas, gritó haciendo los caballos relinchar. Recuperando de aquel magnifico orgasmo, se sentó sin tanga y con el vestido levantado hasta su vientre. Fernando la miraba con gula, con deseo. Ella tomó la mano de él e introdujo su dedo del medio en su boca. Lo que lo hizo respirar con dificultad y a ella reír. Lo hizo acostarse por su vez y empezó por besar su cuello, le quitó la blusa y besó aquel divino pecho que deseó desde que lo vio. Fue bajando y llegando a sus jeans, abrió el cinturón y los botones, Fernando levantó su cintura y ella los pudo bajar hasta sus rodillas así como lo hizo con sus bóxers, dejando aquel enorme miembro libre de su encierro. Lo tomó de inmediato en su mano porque lo deseaba demasiado como para esperar. Fernando dejó escapar un gemido y cerró los ojos cuando ella empezó con su vaivén. Él se sentó mientras ella seguía con sus caricias y volvió a poner su mano en el sexo de Gabriela para poder darle placer al mismo tiempo. Ella aceleraba sus vaivenes con su mano y él hacia igual con su dedo hasta que ambos llegaron al clímax. Pero aquellos orgasmos, por más intensos que fueran, no eran suficientes porque Gaby quería sentirlo en de ella. Lo volvió a hacerlo acostarse y se puso sobre aquel miembro que volvió a ganar vida y tomándolo, lo guió dentro de ella. Gabriela era estrecha pero Fernando logró dominarla. Ella se movía encima de él como si montara a caballo, sus vaivenes eran fuertes, rápidos y se movía en todos sentidos. Ellos jadeaban, gemían, gritaban sus nombres y los caballos relinchaban a pesar de no verlos pero si los escuchaban. Fernando la sacó de encima y la puso en cuatro poniéndose detrás de ella y penetrándola otra vez. Mientras él hacia sus vaivenes, ella hacia movimientos circulares apretando fuerte la manta y él se apoderó de sus pechos para poder masajearlos y apretarlos. Siguió con una mano en un pezón y la otra la llevó hasta el sexo de Gaby para poder acariciarla y hacerla llegar al orgasmo porque él mismo estaba llegando a tenerlo. Finalmente sucedió y él siguió con sus movimientos suaves hasta que sus respiraciones se calmaran y pudiera salir de ella para que se pudieran acostarse piernas y brazos entrelazados.
- Creo que fue miente clase de aprender a montar a caballo y la mejor parte fue ¡montar en el “pequeño caballo”!
spanicolungafiction:
Fernando A un día de irnos a la otra locación, todo salió normal con las grabaciones, terminando temprano porque al día siguiente embarcaríamos a las seis de la mañana en lanchas para una isla privada en donde no habitaba nadie. Salvador se consiguió la isla porque tenía un amigo…
Fernando
A un día de irnos a la otra locación, todo salió normal con las grabaciones, terminando temprano porque al día siguiente embarcaríamos a las seis de la mañana en lanchas para una isla privada en donde no habitaba nadie. Salvador se consiguió la isla porque tenía un amigo…
(Source: crazyplatelady)
(Source: likeasunshane)
(Source: shanefilan)
(Source: westlifegifs)
Happy 32nd Birthday Mark ♥
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